El mercado global de envases para alimentos alcanzó los 458.600 millones de dólares en 2024 y crecerá a una tasa compuesta anual del 5,6 % hasta 2034. Un sector en plena transformación donde la presión normativa, la sostenibilidad y la eficiencia logística están redefiniendo las reglas del juego. Y en ese contexto, un material lleva años ganando terreno frente al resto: el cartón ondulado. No por moda, sino por razones técnicas, normativas y económicas, que podrás descubrir a lo largo de este artículo.
Entender el marco regulatorio es el primer paso para tomar decisiones de embalaje que no generen problemas a medio plazo. Las referencias clave son:
La lectura conjunta de esta normativa apunta en una dirección clara: los materiales difíciles de reciclar, con aditivos problemáticos o con alta huella ambiental, están bajo presión creciente. El cartón ondulado, reciclable en más del 90 % de los casos y con una huella bien documentada, parte con ventaja estructural en este entorno. Para profundizar en las certificaciones que respaldan esta ventaja, las normativas y certificaciones para embalajes sostenibles son el punto de partida.
Si analizamos los distintos materiales existentes, podemos extraer varias conclusiones:
Con el 37,8 % del mercado de envases alimentarios en 2024, el plástico sigue siendo el material más utilizado. Sus propiedades de barrera al oxígeno y vapor de agua lo hacen técnicamente insustituible en determinadas aplicaciones de envase primario, como el envasado en atmósfera modificada (MAP) o el termoformado de bandejas para carne y producto fresco.
Pero fuera de esas aplicaciones específicas, su posición se debilita: presión normativa creciente, restricciones sobre aditivos, obligaciones de contenido reciclado y una percepción negativa del consumidor que los grandes distribuidores ya están trasladando a sus proveedores en forma de exigencias contractuales.
El vidrio ofrece una barrera absoluta y es indefinidamente reciclable, pero su peso y fragilidad generan un coste logístico elevado. El metal —hojalata y aluminio— tiene la mayor capacidad de barrera del mercado y vidas útiles de años, pero está sujeto a restricciones específicas por BPA y revestimientos, y su coste por unidad es significativamente superior.
Ambos materiales son referencias técnicas en conservas y bebidas de alto valor, pero su uso exige un embalaje secundario de cartón bien diseñado —con separadores, celdillas o sistemas de fijación— para garantizar la integridad del producto durante el transporte.
El cartón ondulado es hoy el material con mayor recorrido de crecimiento en embalaje alimentario, y no es casualidad. Su relación resistencia/peso es difícilmente igualable: permite transportar grandes cargas con un mínimo de material, favorece el apilado y es reciclable. Pero lo que ha cambiado en los últimos años es su capacidad funcional, que ha dejado de estar limitada al embalaje secundario y terciario para entrar en aplicaciones que antes eran territorio exclusivo del plástico.
La clave está en los recubrimientos funcionales. Con un recubrimiento de polietileno o película PET interior, el cartón ondulado resiste líquidos, aceites y productos viscosos a temperaturas de hasta 180 ºC. Con tratamiento antihumedad, aguanta entornos de alta humedad relativa sin perder integridad estructural. Con aislantes de origen ecológico combinados con acumuladores de frío, convierte la caja en un sistema isotérmico capaz de mantener la cadena de frío hasta 48 horas sin transporte refrigerado.
A nivel estructural, la familia de ondas del cartón determina su aplicación óptima en alimentación:
Todo ello con una ventaja que ningún otro material puede igualar en el contexto normativo actual: el cartón ondulado es 100 % reciclable, tiene una trazabilidad de origen documentada (certificaciones FSC y PEFC), y su gestión al final de vida está perfectamente integrada en los sistemas de recogida selectiva. La innovación en envases sostenibles para el sector alimentario avanza precisamente en ampliar las aplicaciones del cartón en alimentación, sustituyendo plástico sin renunciar a rendimiento.
Una de las confusiones más frecuentes es pensar en el cartón ondulado solo como la caja exterior. En realidad, cubre los tres niveles del sistema de embalaje alimentario:
En cadena de frío, el embalaje isotérmico de cartón con foam aluminizado es ya la alternativa más competitiva frente al EPS: mismo rendimiento térmico, menor impacto ambiental y mejor reciclabilidad. Es la solución de referencia para ecommerce alimentario, distribución de última milla y exportación a mercados con logística refrigerada variable.
Para productos que generan humedad o están en contacto con grasas —pescado fresco, carne, frutas con alta tasa de transpiración—, los embalajes barrera e impermeables de cartón resuelven el problema sin recurrir al plástico, manteniendo la reciclabilidad y cumpliendo la normativa de contacto alimentario. Y cuando el producto es frágil —botellas de vidrio, conservas, productos gourmet—, los separadores y celdillas de cartón a medida protegen cada unidad dentro de la caja, eliminando la necesidad de materiales de relleno plásticos.
Tres fuerzas están acelerando la transición hacia el cartón ondulado en embalaje alimentario:
La FAO estima que hasta el 44 % de las frutas y verduras producidas globalmente se pierden o desperdician a lo largo de la cadena de suministro, siendo el embalaje inadecuado uno de los factores determinantes. Un buen sistema de embalaje de cartón —diseñado a medida, con la barrera correcta y el formato logístico adecuado— es una de las intervenciones más eficaces para reducir esas pérdidas.
Vidrio, metal y plástico tienen su lugar en determinadas aplicaciones de envase primario donde sus propiedades de barrera son difícilmente sustituibles. Pero en embalaje secundario y terciario, y en un número creciente de aplicaciones primarias, el cartón ondulado reúne lo que ningún otro material puede ofrecer de forma conjunta: resistencia mecánica, funcionalidad barrera, trazabilidad, reciclabilidad y adaptabilidad logística.
La normativa empuja en esa dirección. Las tendencias de sostenibilidad empujan en esa dirección. Y la eficiencia de costes, cuando el diseño es el correcto, también empuja en esa dirección. No se trata de elegir cartón porque es sostenible: se trata de elegir cartón porque es la solución más completa disponible hoy para la mayoría de necesidades de embalaje en la industria alimentaria.
En Font Packaging analizamos cada caso de forma individualizada: tipología de producto, requisitos de barrera, cadena de distribución, normativa aplicable y objetivos de sostenibilidad. Con más de 70 años de experiencia, la gama más amplia del mercado y capacidad de diseño a medida, tenemos solución para cada necesidad.
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