Lo primero que hay que tener claro es de qué material es la botella que va a ir en la caja de cartón. No es lo mismo si la botella es de cristal o de plástico que si es de metal. El material del que están hechas las botellas nos ayudará a decidir aspectos como:
Junto con el material, el formato de la botella es el otro aspecto clave a la hora de definir qué caja es la que mejor va a cubrir las necesidades de la botella en cuestión.
Ya sabemos qué tipo de botella tenemos que embalar. Ahora nos toca diseñar el mejor embalaje para que las botellas lleguen en perfecto estado a su destinatario. En este momento hemos de tener en cuentas los aspectos mecánicos y logísticos que necesita la botella. ¿Cómo interactúan las botellas entre sí dentro del embalaje? ¿Cómo van a moverse los paquetes? ¿Qué retos se va a encontrar el paquete durante su transporte? Es el momento de determinar, por ejemplo, si la caja necesita separadores interiores para proteger las botellas de rozaduras o impactos entre sí. Los separadores interiores pueden ser de cartón ondulado, cartóncillo, tejidos, sin tejer…
También es el momento de definir el formato de caja que necesitamos para el producto: estuche de 1 botella, de 3, 6, 12 o 24 unidades, etc.
Por último, el modo de envío d e las botellas también influye en las decisiones que tomemos a la hora de embalarlas. Y es que las propiedades mecánicas del embalaje han de ser distintas si el producto va paletizado o si el transporte es por mensajería. En ambos casos, el trato que va a recibir el embalaje para botellas durante cada uno de esos procesos logísticos va a ser distinto.